Bailaba al son de la noche, el frío se colaba por los pocos
agujeros de mi ropa. La mesa estaba llena de parejas que fingían pasar una
velada interesante, entre el ruido y lo obscuro refugiaban sus pesadumbre. Al
girar me detuvo justo en frente de ella fueron unos instantes que paradójicamente
concebí como meses, el tiempo se hizo estático observaba con dilación su rostro
que ciertamente reflejaba una belleza de antaño pese a su corta edad.
Al girar nuevamente nuestras miradas se cruzaron por azar,
por casualidad o por destino nos hicimos cómplices desde aquel momento. Nos
unimos en una canción, a la primera oportunidad sin encumbrar sospechas no habían testigos de
nuestro delito, sentía como transpiraba, sus deseos recónditos exteriorizaba,
me oprimía tímidamente mientras acariciaba
su cabello dorado.
Guiñaba su ojo arraigado de pestañas largas con picardía, nos buscábamos durante
la noche con persistencia y avidez hasta la madrugada de aquel domingo de
noviembre…
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