sábado, 30 de julio de 2016

Sentía que mis días no tenían propósitos. Iba como navío a la deriva, perdida en altamar navegando sin rumbo, sin dirección, movida por la apatía y la violencia de un océano enfurecido que se calmaba cada mañana al nacer el alba.

Inclinándome por la literatura de superación personal me recomendaron leer: “Los mensajes de los sabios” por BRIAN WEISS; no solo leí ese, también “Muchas vidas, muchos maestros” y “Lazos de amor” del autor en mención. Eventualmente capto mi atención, pues sus escritos son diferentes y parten de una idea principal que aun suele ser un mito en la sociedad, las regresiones. En todos sus libros habla de vidas pasadas, estamos hablando de generaciones antiquísimas que pese al tiempo continúan con una estrecha conexión en vidas presentes, en la que siempre desde diferentes roles estamos afines con nuestros seres queridos.

Me cuestionaba que tan real podrían ser sus historias, concepciones y argumentos, lejos de pensar que algún día no muy distante viviría una historia similar a las relatadas por BRIAN WEISS.

De repente me halle en el lugar donde fortuitamente se empezaría a entrelazar la historia más casual, ingenua y especial de dos mundos paralelos. Había llegado el momento, pues todo hecho terrenal tiene su tiempo divino.

Ajena a la energía que circulaba en el universo conspirando a mi favor, mi vida transcurría entre lo normal, lo común y lo corriente lo que es bastante paradójico porque nunca he sido ni normal, ni común y menos corriente. Lo sé, creo que desde que fui equivocadamente engendrada, pienso que muchos de los que se han encontrado en mi lugar de acuerdo a una secuencia de vivencias fatídicas, condiciones inhumanas e insufribles resguardarían su mediocridad en la condición como un día le dieron vida. Yo contrariamente siento que por cómo se dieron los sucesos, obtuve el don de ser alguien muy especial. Siento como si Dios desde aquel día me hubiese cogido de la mano y me hubiese dicho, siempre voy a estar a tu lado...

En ese transcurrir de días inaportantes, en los que no esperaba nada, en los que lo había dado todo por disoluto y en los que me resigne a vivir por vivir te conocí... ¿Cómo describir mágico instante?… Como si una flecha de cupido me hubiese traspasado, como si me hubiera alejado de lo real para sumergirme en un típico cuento de hadas, como efecto de Popper me eleve hasta lo más profundo para caer nuevamente de golpe a la realidad. Que confusión me causaste era real lo que estaba visualizando y sintiendo?  

Era tan prodigioso que se hacía presuntuoso. Y desde entonces la llama del ensueño se encendió. En mi vida no había existido espacio ni tiempo para tontas ilusiones, había olvidado lo que era soñar con los ojos abiertos, fantasear como pequeña, había adquirido un estilo de vida psicorrigido, déspota y vulnerable. 

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